Mirando el cielo, los enamorados creen que su enamoramiento contribuye, está, en el origen del movimiento de las estrellas, los planetas sus lunas y de todo del universo.
A menos que las enigmática “materia oscura” nos diga otra cosa, lo que creen los enamorados no es cierto como todos los sabemos, pero es poético y hermoso así creerlo.Creen, nuestros anamorados, que al mirar las estrellas miran la esperanza, la infinitud que nos contempla y nos espera. Pero no es así, mirar las estrellas es mirar la historia del universo, la luz que nos llega desde miles de millones de años pasados, muchos estertores de caos, muerte y agonía, lo que fue y no volverá nunca más, nunca más.

Cada estrella que se destaca en la negra profundidad del oscuro infinito es, si es, en realidad un infierno de energía desatada cuyo propósito, al parecer de los astrofísicos, es crear y crear masa, estrellita luminosa del cielo a la que no podría acercarse nuestra pareja de enamorados sin ser volatilizados.Prosaico en extremo pero cierto.
Cabe entonces ¿por qué los enamorados miran las estrellas, se prometen las estrellas, se ven en las estrellas y en la luna lunera cascabelera?.
Tamaña tontera solo es explicable por la enorme confusión a que nos induce el enamoramiento, las feromonas. El amor, ese sentimiento, lo invade todo, todo lo cubre con una maravillosa capa rosa que nos impide ver, pensar, sentir. Transforma las incertidumbres en certezas y la suma de todos los defectos en un mundo de virtudes indiscutibles.

Así pues, no es extraño que un enamorado encuentre belleza donde hay fealdad, verdad donde hay mentira, inteligencia donde hay tontera, gracia donde hay torpeza y amor donde hay sólo egocentrismo.
Explicable, en consecuencia, que nuestros enamorados se vean en Alfa Centauro, un caos endemoniado apocalíptico y sean capaces de pasearse tomados de la mano por el paseo Ahumada de Santiago de Chile a las 22 horas, lo que para todos los efectos prácticos es tan peligroso como aventurarse en Alfa Centauro sin camisa.

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