LA GATA SEIZE, KYLIE, UNOS LIBROS Y OTRAS LECTURAS
Mayo 10, 2008 · 2 comentarios
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Etiquetado: LIBROS, MASCOTAS






























2 respuestas hasta el momento ↓
Luis Robert // Mayo 16, 2008 a 6:51 pm
Hola don Guillermo…
Le felicito por su gatita; me gustan mucho los gatos…Anoche, abrí la puerta de mi casa, y había un perrito, algo parecido a un pastor alemán, oscuro: fijó su mirada en mí…Triste….Me dio pena. Así que partí a buscar comida: tome, amigo, le dije…Dos veces lo hice. Para mi sorpresa, hasta altas horas de la madrugada allí estaba, esperando, por si me convencía nuevamente.
Son estos seres excepcionalísimos. En ellos se ve la grandeza del Padre. Uno podría decir que son interesados, pues, buscan que les den comida solamente. Pero sus ojos, después de recibir, acusan un gran agradecimiento que parte el alma. Tan más pasa con las personas. Enternece, de amor se llena la vida el entregarse a los demás: no habría suicidios si cada persona diese sentido en su entorno, que es siempre un potencial de eternidad, a su vida particular.
No sé que tendrá que ver lo que le he referido con los libros que nos muestra, don Guillermo. Quizá el nexo esté en que no hay libro alguno que suscite alegrías como los ojos agradecidos de quien me pregunta la hora, en la calle, o la mirada enternecida de ese negro perro que quién sabe dónde está.
Un gusto pasar por acá, don Guillermo….
GRAZNIDO // Mayo 16, 2008 a 7:56 pm
Un placer leerlo Don Luis.
Los gatos que tengo me fueron dados imprevistamente, sencillamente llegaron y se instalaron, desde entonces debo alimentarlos y a veces salvarlos
Seize, dieciséis en francés es el nombre de esa gatita porque una vez muy enferma tuve que llevarla al veterinario, cosa nada de fácil agarrarla, lo que me costó 16 mil pesos.
Muy cierto que los perros tienen una mirada mansa de agradecimiento, algunos hasta hacen fiesta cuando los alimentamos o los cuidamos, nos piden ayuda, ellos saben.
Tuve una perrita pastor alemán de buena familia, durante 12 años, fue adquirida para que cuidara la casa, pero ella a pesar de su aspecto, sus dientes y su ladrido temible, era muy delicada. En los paseos si ella era acosada por otros perros ella se refugiaba entre mis piernas y yo debía encara a los agresores.
Ella vino a nosotros para que la cuidáramos y la quisiéramos, y tal como ella lo quiso fue, hasta el día que nos dejó a mis pies en mi escritorio.
Saludos