En Santiago de Chile hay un barrio, llamado Barrio Brasil,
con una plaza Brasil
y una Avenida Brasil, barrio donde pululan jóvenes, ancianos, parejas emergentes como se las llama ahora, estudiantes, carreteros, hay cafés con mesitas en la vereda, negocios de comercio, restaurantes, hay por sobre todo perros sin hogar y hay gente que los cuida, gente que los cura si están enfermos o accidentados y les buscan un hogar, son gente anónima sin una organización estructurada, solo los mueve hacer el bien a los animales.
Muchas veces esos perros no logran ser ubicados y quedan en la calle.
Hace poco, un día cualquiera, una vecina construyó un casita que dejó en una vereda para que un perro, el Cholo, pudiera pasar la noche helada y húmeda allí.
Días después, apareció una segunda casa al lado para que otro perro, El Púa, pernoctara,
Después apareció una tercera casita, como aquellas que dibujabamos cuando éramos niños quedaron las tres.
EL CHOLO PRIMER INQUILINO
EL PUA, SEGUNDO INQUILINO
Así apareció una cuarta casita a un par de cuadras, para un dueño potencial
NO NOS QUISO DAR SU NOMBRE
Después tres casas azuales pintadas surgieron al lado del kiosco y para sus asiduos perrunos visitantes
Si alguna vez vas por el Barrio Brasil por la razón que sea, pregunta por las casitas de perros y te dirán y veras lo que es la magia de amor espontánea.
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