Tres columnas, una crítica y un blog
BACHELET: PRESIDENTE DE CHILE / PARTIDO SOCIALISTA / CONCERTACION
CONCERTACIÓN: GRUPO DE PARTIDOS CENTRO IZQUIERDA GOBERNANTES
ALIANZA: GRUPO DE PARTIDOS CENTRO DERECHA DE OPOSICION
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I] Gonzalo Vial
Acuerdo educacional / Diario LA SEGUNDA
http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2007/11/20/acuerdo-educacional.asp
Quisiera, ya que esta columna se refiere tan frecuentemente al tema de la enseñanza, expresar mi opinión sobre el consenso que al respecto han alcanzado el bloque de partidos gobernante, y el opositor.
Ese consenso, entiendo, consta sólo del «Acuerdo por la Calidad de Educación» que, como documento único al respecto, publica la página web del ministerio. Lo digo porque a veces los diarios hacen referencias imprecisas a otros documentos, o a supuestos detalles del consenso que el Acuerdo no consigna. Supongo que no existen unos ni otros, pues sería poco digno del ‘‘Chile Transparente” que se mantuvieran secretos.
1. Me sorprende que, según la prensa de ayer y de hoy, apenas días después de firmado el Acuerdo, la ministra del ramo y la Concertación anuncien protocolos y hasta ‘‘planes piloto” -una de las más antiguas formas chilenas de perder el tiempo- para ‘‘desmunicipalizar” la educación básica y media, vale decir, para recentralizarlas a algún nivel.
Aparentemente, la Alianza no interviene en esto.
Si hay un tema que incide sobre la calidad educativa es el del nivel al cual se gestiona la enseñanza: si central, regional, municipal, etc.
¿Qué sentido tiene un acuerdo de calidad que omite ese tema, pero no sólo para tratarlo después o aparte, sino para resolverlo uno de los firmantes PRESCINDIENDO del otro?x ¿La Alianza lo sabía, o le han tomado el pelo?
2. Se ha dado al Acuerdo un alcance histórico, como solucionador total de los problemas de nuestra enseñanza, carácter que no quiere ni puede tener porque dos de esos problemas -los básicos y previos- no se tocan, a saber:
2.1. El financiamiento de la enseñanza gratuita a través de la subvención, que el año 2008 -aun considerando el alza del 15% ya anunciada, y la asignación ‘‘preferencial” para alumnos ‘‘vulnerables”- será inferior al mínimo indispensable para dar educación de calidad también mínima a alumnos corrientes.x
Por desgracia, el Acuerdo contiene sobre este punto, en su Nº 7, una frase ambigua: ‘‘Valoramos los avances que se han realizado en materia de incremento de la subvención escolar”. Podría deducirse que el 2008 se alcanzará el monto mínimo de subvención eficaz. No es así.
2.2. La inflexibilidad monstruosa del Estatuto Docente en materia de manejo y despido del profesorado por los establecimientos municipales, obstáculo insalvable para que lleguen al mínimo de calidad. Añadiéndose que la ley de evaluación de los maestros que se halla en vigor, es inútil a este fin.
No se trata de mezquinar al Acuerdo el adjetivo ‘‘histórico”, sino de no despertar ilusiones que después lo desprestigien y creen nuevos desengaños.
Incluso los expertos concertacionistas, explicablemente deseosos de alabar el Acuerdo, soslayan el peligro de pescarse mañana los dedos. Así, el más prestigioso de ellos dice que el adjetivo ‘‘histórico” es un ‘‘malentendido”. ‘‘Podría (el Acuerdo) llegar a serlo” si se le agregaran ‘‘las piezas faltantes”, entre ellas dos ‘‘esenciales”… las mismas que acabo de indicar (El Mercurio de ayer). Resumiendo, un puzzle en que no están todas las piezas. Difícil, sin duda, de armar.
3. Con las prevenciones anteriores, la sustancia del Acuerdo, a mi juicio, es la que sigue.
La Concertación tiene un pensamiento educacional completamente teórico y además ideologizado. Nadie en ella ha visto una sala de clase sino de niño, ni ha estudiado su REALIDAD en el mundo chileno de la enseñanza popular, es decir, gratuita: son puras ensoñaciones de escritorio.
La Alianza, al otro lado, carece de cualquier pensamiento educacional, pero posee una dosis respetable de sentido común.
En este cuadro, la Concertación lanzó dos brulotes ideológicos, capaces de demoler lo poco que va quedando de nuestra educación gratuita: el fin del LUCRO y el de la SELECCIÓN.
El primero, sustraería del esfuerzo pro educación gratuita, a quienes quieren realizarla bien y ganar dinero. El segundo, a quienes consideran que no pueden educar con éxito no sólo académico, sino humano, si la familia del alumno no lo apoya… un apoyo REAL, DE VIDA, no solamente de palabra, consignado en un proyecto educativo.
La Alianza salió a parar los dos brulotes, lo hizo, y por eso merece el agradecimiento de los educadores y de los niños chilenos. Tuvo que dar algo a cambio, y fueron concesiones perjudiciales, pero quizás no tanto como los brulotes. El tiempo dirá.
4. El naufragio concertacionista en cuanto al ‘‘fin del lucro” fue total. Esta exigencia desapareció absolutamente, por fortuna.
Quedaron sólo algunos placebos -esas medicinas que no sanan, pero tampoco dañan, y además consuelan- para salvar la cara. Requisitos fáciles de cumplir, y que encubrirán realidades exactamente iguales a las que se critican.
Un solo ejemplo (punto 4 del Acuerdo): que los sostenedores ‘‘sean personas jurídicas y posean giro único dedicado a la educación”. ¿Qué se saca con esto? Desde luego, hoy existen sociedades (por tanto, personas jurídicas) de un solo socio… ¿cuál será la diferencia? En seguida, a una persona jurídica no se le puede exigir competencia académica. Y si se le exigiera a alguna persona natural de la empresa, será solamente un ‘‘palo blanco” -un costo más- del sostenedor que no posea personalmente esa competencia. Por lo demás, el sostenedor, ahora disfrazado de persona jurídica, podrá seguir sacando dinero de ésta a través de sueldos, honorarios, arriendos, etc. (tal cual lo sacan hoy los verdaderos dueños de las ‘‘universidades privadas sin fines de lucro”). Y, gracias al Acuerdo, sus bienes personales no responderán de los entuertos económicos y financieros de la ‘‘persona jurídica”, la ‘‘educadora de giro único”.
5. También es satisfactorio el naufragio de lo relativo a selección de alumnos.
Sólo se prohíbe aquella que dependa de los ‘‘méritos académicos” (punto 6º del Acuerdo).
La mayoría de los establecimientos selecciona en pre-kínder o kínder, y naturalmente no por méritos académicos, y con eso llenan sus cupos hacia arriba.
Después, sólo sufre cada año una, dos o tres vacantes por curso (y no en todos los cursos). Llenarlas, sería la única aplicación práctica del Acuerdo… totalmente descabellada desde luego. Postula a una vacante de Sexto Básico un alumno de la edad que corresponde, pero que no sabe leer. ¿Será discriminar ‘‘por méritos académicos” rechazarlo, o preferir a otro postulante algo más adelantado? Pero no nos aproblememos. El establecimiento no se meterá en líos; no llenará las vacantes. ¿Víctimas? Los infelices niños obligados a buscar nuevo colegio por cambio de barrio o de ciudad. ¿Y a quién le importa? Imposible hacer una tortilla ideológica sin quebrar algunos huevos.
Este caso aparte, queda claro que la ‘‘selección” que se haga por motivos religiosos, conductuales, de rechazo teórico o práctico al ‘‘proyecto educativo” del establecimiento, etc.; la ‘‘selección” que no se practique ‘‘arbitrariamente” -es decir, de modo, irracional, caprichoso, que no sea de aplicación general a todos los postulantes- es válida. Es de notar que la palabra ‘‘arbitrario” ha sido definida por la Corte Suprema.
¡Y cómo van a ser arbitrarios esos tipos de selección si -conforme al Acuerdo- no lo será seleccionar según la disposición y capacidad de los padres en orden a pagar el ‘‘financiamiento compartido”, exigir el cual es un derecho de la escuela o colegio, establecido por ley… y ley de la Concertación!
6. ¿Y a cambio de estos triunfos, qué dio la Alianza? Simplemente, nuevos organismos de control… una Superintendencia, una Agencia de la Calidad… más funcionarios, más requisitos, más trámites, más demoras, más papeles.
Será un precio caro. ¿Ud. quiere hoy donar libros a una escuela, con los beneficios tributarios que le acuerda la ley? Debe autorizarlo la Intendencia respectiva. Demora: ocho meses.
Como siempre, se dice que serán servicios de tamaño reducido, ágiles, de personal especializado y supercapacitado. ¡Las pinzas!, para decirlo sin mucha elegancia. Serán los mismos burócratas de siempre, mal pagados, sacadores de vuelta, apitutados, quizás ‘‘operadores políticos” estilo Chiledeportes, con prejuicios ideológicos (hoy ‘‘progresistas”, mañana ‘‘reaccionarios”, da lo mismo). ¿Por qué van a ser mejores que los del Ministerio, que faltan ‘‘justificadamente” al trabajo, promedio, un mes corrido -20.4 días hábiles- al año (El Mercurio, 17 de Noviembre)?
¡Agencia de la Calidad! Recuerde la profecía: a la corta o a la larga tendrá dos o más consejeros ‘‘pingüinos”, como la Comisión Nacional de Acreditación, de la enseñanza superior (!) tiene dos consejeros de los alumnos, con la sola exigencia de que hayan sacado buenas notas…x
Recuerdo que los viejos de cuando yo era joven, comparaban a la Derecha con un señor que, corriendo agarrado a la parte posterior de un coche de caballos, tratara de disminuír su velocidad. El esfuerzo era enorme; la postura, no muy airosa; y el resultado pobre… pero algo se ganaba. Dios quiera sea el caso de la Alianza y el Acuerdo.
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II] El carácter de la educación
Carlos Peña / diario el Mercurio
http://blogs.elmercurio.com/reportajes/2008/06/15/el-caracter-de-la-educacion.asp#comments
¿Es cierto que en materia educativa lo público se identifica con lo estatal? ¿Será, en cambio, que lo público puede también ser servido por particulares?
La respuesta a esas preguntas -si queremos escapar de los lugares comunes y de los clichés de estos días- depende, por supuesto, de lo que entendamos por público.
En su acepción más antigua (v.gr. en Aristóteles) lo público se identifica con la posibilidad de participar en diálogos que se relacionan con la vida en común. De ahí que en la literatura antigua se contraponga el hogar (oikos) con la ciudad (polis). Lo más propio del hombre (el logos) sólo refulgía en esta última. Ejercitar el logos (lo que hoy llamaríamos razón) era entrar en lo público.
Esa acepción de lo público (como el ejercicio de la racionalidad acerca de los asuntos comunes) aparece de nuevo en la modernidad (por ej. en Habermas): aquí lo público se identifica con un ámbito (que no coincide ni con el estado, ni con el mercado) en el que las personas se reconocen una misma condición de igualdad e intercambian, mediante el lenguaje, sus puntos de vista acerca del mundo que tenemos en común.
En ambos casos -tanto en la acepción antigua como en la moderna- lo público supone la salida del hogar y la entrada en la ciudad.
Así participar de la esfera pública equivale a ingresar en un ámbito de asuntos comunes en los que todos tenemos derecho a participar mediante la racionalidad y mediante la palabra.
Es fácil comprender entonces que toda experiencia escolar es, en ese sentido, pública: en ella cada niño sustituye el amor incondicional del hogar por la medición del desempeño; aprende a usar reglas que son indispensables para la vida compartida; ejercita el lenguaje que le permite intercambiar puntos de vista y alcanzar acuerdos; se socializa en el respeto de valores comunes que fundan entre él y sus compañeros lealtades recíprocas.
Todo lo anterior acontece en la experiencia educativa al margen de la índole o naturaleza jurídica (si particular o estatal) de la escuela. La educación es, en este sentido, como el lenguaje: así como no existen lenguajes privados (según decía Wittgenstein), tampoco hay educación privada.
Así lo hemos entendido siempre en Chile.
La educación superior es un ejemplo. Hacia 1980 (cuando se dictó la actual legislación de Universidades) había en el país un total de ocho universidades y ¡seis de ellas eran fundaciones o corporaciones que se financiaban con cargo a rentas generales! Nadie dudaría hoy (tampoco entonces) de la genuina orientación pública de la Universidad de Concepción o de la Universidad Austral a pesar de que, en ambos casos, se trata de instituciones particulares, erigidas por fuera del estado.
La educación universitaria durante el siglo veinte no fue estatal; pero poseyó una indudable orientación pública.
La situación tampoco fue muy distinta en el sistema escolar.
Hacia 1957 (cuatro décadas luego de la segunda ley de instrucción obligatoria) la matrícula no estatal alcanzaba ya ¡cerca de un tercio del total! Uno de cada tres niños recibía educación en algún establecimiento particular sostenido por “instituciones de beneficencia o sociedades de cualquier clase” (como decía el artículo 42 de esa ley). Pero así y todo el sistema se expandió y nadie dudaba de su naturaleza pública.
Ahora bien, que toda experiencia educativa sea, en algún sentido, pública (como lo muestra nuestra propia historia) provee una buena razón para que la tarea educativa no quede entregada únicamente a la voluntad de las familias o de los padres y para que, en cambio, la comunidad política se ocupe de ella.
Por eso en todos los sistemas escolares -desde aquellos con predominancia de proveedores particulares como Holanda o Bélgica, a aquellos en que el estado posee la primacía, como ocurre en casi todos los países de la OECD- existe un currículum nacional, un sistema de aseguramiento de la calidad, gratuidad de la educación obligatoria y una distribución de los recursos con base estatal.
Ese conjunto de acciones tienen por objeto asegurar la índole pública de la educación, es decir, lograr que la experiencia escolar, al margen de quien la provea, equivalga al acceso al mundo y el lenguaje que tenemos en común, el mismo que nos permite, cuando adultos, entendernos y ejercitar la ciudadanía.
Por eso en vez de enceguecernos en el inútil debate acerca de cuán socialista o no es cada uno, es mejor discutir acerca de cómo asegurar que, sea cual fuere la índole o naturaleza de la escuela, ella siempre equivalga a una genuina experiencia pública
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III] Educación pública ¿o socialista?
Gonzalo Rojas /diario el Mercurio
http://blogs.elmercurio.com/reportajes/2008/06/15/educacion-publica-o-socialista.asp#comments
El Estado tiene que servirnos a todos. Pero como lo administran unos pocos y de una determinada tendencia -en eso consiste la democracia hecha Poder Ejecutivo-, la tentación de utilizarlo en beneficio propio es enorme. Más aún, si a la cabeza están los socialistas.
El socialismo se caracteriza por usar palabras bonitas para cosas feas y lograr que más de la mitad de los electores no se den cuenta del engaño. Por eso, cuando el Gobierno propone que el Estado se obligue a financiar un sistema de educación pública, pluralista y gratuita, sabe que muchos chilenos entenderán algo así como: por fin habrá buenos liceos para los pobres, sin adoctrinamiento y a cero costo para la familia. Engaño puro.
Los socialistas saben que las palabras superan a las realidades en los deseos de los que las oyen, sobre todo, si se pronuncian desde el poder. Desfiguraron ya el concepto equidad, para que en las mentes de los chilenos sonara a “me darán todo lo que otros me han quitado”; destrozaron la noción de justicia, para que en la conciencia de tantos significara “los que ganaron el 73 la tienen que pagar”. Y ahora se proponen acabar con el recto sentido de lo público, lo pluralista y lo gratuito.
Lo público es de todos y no es sinónimo de lo estatal. A lo público concurren en mayor cantidad y calidad que el propio Estado, cada uno de los chilenos, los privados. Eso, los socialistas lo saben, les revienta y tratan por todos los medios de cambiarlo. El método es sencillo: insistir e insistir en que lo público es lo estatal, que lo estatal es lo público, que lo público es… Basta leer al rector de la Universidad de Chile para ver cuánto empeño se pone en esta tarea semántica. Así, financiar un sistema de educación pública, no cabe duda alguna, es simplemente proponer el financiamiento de una educación estatal. Fuera los privados del ámbito público, porque el espacio público es del Estado y, por lo tanto, fuera los privados del imprescindible y legítimo subsidio estatal.
Lo pluralista se define como la legítima concurrencia con proyectos propios al espacio público, dentro de los límites reconocidos, porque el sentido del límite es uno de los grandes resguardos de la democracia. Pero esto, a los socialistas, los descoloca, porque bien conocen la calidad y el éxito de los proyectos educativos que desde muy variadas opciones -ciertamente legítimas y muy distintas de las suyas- se promueven en la sociedad chilena. Muy sencillo: se trata, entonces, de convertir el pluralismo en una exigencia para cada institución, obligándola así a renunciar a la integridad de su propio proyecto educativo. O en cada colegio, instituto y universidad se enseñan todas las visiones en un plano de equivalencia, o no habrá financiamiento estatal; si eres excluyente de alguna y partidario de otra, porque sabes distinguir entre la verdad y el error, excluido quedarás de los pesos del subsidio. Otro rector, aunque curiosamente lo es de una universidad no estatal, ha propuesto esta paradójica concepción del pluralismo, ya varias veces.
Y finalmente lo gratuito: ah, qué virtud tan adorable. Pero ese ídolo no existe. Todo cuesta, por todo se paga, siempre alguien lucra (o roba). En una sociedad libre, se les muestran a las personas, con la mayor claridad posible, los flujos de las platas, para que todos entendamos bien de dónde salen y a dónde llegan. En la propuesta gubernamental, el socialismo logra entregar al dios Estado la maravillosa capacidad de ocultar los orígenes y los destinos de los dineros en educación, porque una gran bondad redentora, lo gratuito, se impone sobre las matemáticas y los balances. No más necesidad de hacer conciliaciones, qué alivio ministerial. Y como obvia consecuencia, los privados forzados a cobrar cada día más caro.
Sebastián Piñera se ha propuesto enmendar la pésima proposición del socialismo gubernamental. Pero, cuidado: del texto que proponga -que despertó un sospechoso entusiasmo inicial en Montes, el gran socializante- dependerá en buena medida su prestigio como candidato por la libertad de enseñanza o por la enseñanza vigilada. Y en esta materia, ya no le quedan más oportunidades a la Alianza.
Meses atrás, sus dirigentes alzaron sus manos entrelazadas con las gubernamentales; lo hicieron con poca convicción, pero superando sus sospechas. Hoy, conscientes del comienzo del engaño, si vuelven a levantar las manos, será por un penoso gesto de rendición, será el manos arriba que los vencedores les imponen a sus prisioneros.
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IV] CONOMIA Y SOCIEDAD EN INTERNET
JOSÉ PIÑERA
Se vogliamo che tutto rimanga
come è, bisogna que tutto cambi.
Mi sono spiegato?
-Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Il Gattopardo
“REFORMA” EDUCACIONAL BACHELETISTA-ALIANCISTA
(Extractos de una columna en La Segunda del ex ministro de Educación Gonzalo Vial).
> No se toca…la inflexibilidad monstruosa del Estatuto Docente…, obstáculo insalvable para que (las escuelas) lleguen al mínimo de calidad.
> La Concertación lanzó dos brulotes ideológicos, capaces de demoler lo poco que va quedando de nuestra educación gratuita: el fin del LUCRO y el de la SELECCIÓN.
> El naufragio concertacionista en cuanto al ”fin del lucro” fue total. Esta exigencia desapareció absolutamente, por fortuna. Quedaron sólo algunos placebos -esas medicinas que no sanan, pero tampoco dañan, y además consuelan- para salvar la cara.
> También es satisfactorio el naufragio de lo relativo a selección de alumnos. Sólo se prohíbe aquella que dependa de los ”méritos académicos”. La mayoría de los establecimientos selecciona en pre-kínder o kínder, y naturalmente no por méritos académicos, y con eso llenan sus cupos hacia arriba.
> ¿Y a cambio de estos triunfos, qué dio la Alianza? Simplemente, nuevos organismos de control… una Superintendencia, una Agencia de la Calidad… más funcionarios, más requisitos, más trámites, más demoras, más papeles. Será un precio caro… Serán los mismos burócratas de siempre, mal pagados, sacadores de vuelta, apitutados, quizás ”operadores políticos” estilo Chiledeportes, con prejuicios ideológicos.
>Recuerdo que los viejos de cuando yo era joven, comparaban a la Derecha con un señor que, corriendo agarrado a la parte posterior de un coche de caballos, tratara de disminuír su velocidad. El esfuerzo era enorme; la postura, no muy airosa; y el resultado pobre… pero algo se ganaba. Dios quiera sea el caso de la Alianza y el Acuerdo educacional.
Texto completo de esta columna del 20.11.2007 en:
http://blogs.lasegunda.com/redaccion/2007/11/20/acuerdo-educacional.asp
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V] Educación de calidad y el problema de la indefinición / CHESTER THOMAS
http://chesterthomas.wordpress.com/2008/06/05/educacion-de-calidad-y-el-problema-de-la-indefinicion/
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