OTOÑO EN FLOR / ningucuento

NINGUCUENTO

La mañana luminosa estaba allí fuera, los rayos de sol otoñales después de la tormenta, Ramiro revivía el mundo lo llamaba. Excepcionalmente con ropa limpia se había bañado profusamente, afeitado, lavado los dientes y peinado, en ese orden, estaba pues presentable y oloroso, saldría a ver aquella chica del supermercado que le hacía ojitos gentilmente, se parecía notablemente a la joven Marcia aquel amor maldito de hace pocos años. La chica del supermercado se daba cuenta de la emoción que provocaba en Ramiro, se llamaba Tania lo sabía porque llevaba escrito su nombre y apellido en el delantal de cajera. Solo hace unos días la había encontrado en la calle, ocasión en que Ramiro la saludó como era su costumbre exageradamente, ella lucía muy hermosa y sexual en su jean, cuerpo deseable, pelo largo negro brillante, piel blanca porcelana, ojos vivos y levemente rasgados, Tania le había respondido con joven y alegre efusión también, lo que animó sueños y esperanzas en Ramiro, sueños que él mismo poco se creía pero que le ayudaban caminar.

Decidió pues salir a la otoñal primavera y disfrutar de lo que la naturaleza le ofrecía, que agradecía en silencio, y de la cercanía de Tania, se encaminó por la calle de siempre, cruzó el puente de siempre, saludó a la gente de siempre y como siempre entró al supermercado de siempre, donde siempre los saludaban con cariño, dio un vistazo a la fila de cajas de siempre y allí estaba Tania ágil y gentil trabajando con su pelo tomado, se parecía mucho a Marcia. Ramiro decidió comprar algunas cuantas marraquetas y se dirigió sin perder tiempo a la caja de Tania, la de hoy estaba cerca de la puerta, solo efectivo. Tania atendía a una anciana que apenas podía manejar su cartera, con una lentitud extrema preguntaba, contaba , aguardaba nadie sabe qué, guardaba trabajosamente, entre ella y Ramiro un joven alto, pelo muy corto, fornido y bien parado. La anciana finalmente se encaminó fuera de la caja, el turno del joven, Tania lo recibió con un espontaneo hooolla, una sonrisa graciosa y regaladora, Ramiro sintió que algo se le quebraba en el alma, ella no se había dado cuenta que el estaba allí, el joven respondió también con placer. Ramiro en un acto irrefrenable decidió cambiar de fila y se desplazo a la caja lateral donde esperó desolado su turno, estaba allí y sintió la mirada de Tania, la ignoró, la nueva caja atendida por un tipo de edad tampoco avanzaba, de pronto Tania inclinándose le preguntó con su voz cristalina:

¿No quiere volver a esta caja?

Ramiro volvió.

-O-

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2 Respuestas a “OTOÑO EN FLOR / ningucuento

  1. Qué bien adjetivado está este cuento. Resulta muy amena la lectura, don Guillermo. Son extrañas esas relaciones de amor de miradas cuando hay una barrera tan fragil pero al mismo tiempo defícil de romper como el “rol”. Ramiro cumple el rol de “comprador”, Tania el de “cajera”. Ojalá que lo haya podido romper… Haber si pronto, don Guillermo, se anima a contarnos el final de esta historia. Muchos abrazos para Ud.

    http://chesterthomas.wordpress.com

    Ps: no entendí a qué se refiere con “Chesteromo”. En fin, fuere lo que fuere, despreocupe porque tengo buen sentido del humor y de la autocrítica.

  2. Don Chester

    Todo queda a la imaginación Don Chester, es el propósito, no sé si UD va a los supermercados pero no es raro ver algunas niñas promotoras rodeadas de gentiles y risueños caballeros.

    Siempre me pregunto.

    “Chesteromo”, es una broma ya que Ud me trató por alli como Guilermono… o algo así

    Saludos

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