LA LUPE / ningucuento

El ataque aéreo se produciría de un instante a otro, los Hawker Hunter volaban desde el sur, las calles se vaciaban de gente y automóviles,  la locomoción colectiva ausente totalmente, no se veía un alma en Vicuña Mackenna céntrica avenida de Santiago de Chile, todo cambiaría a partir de eso momentos tensos. Mario calvo cuarentón italianísimo, un Al Capone de tomo y lomo, se encontraba en ese local, dueño al fin, había prometido a sus 5 empleados llevarlos en su propio auto a sus respectivas casas, todas en las poblaciones periféricas, si las cosas se ponían peligrosas, el quería esperar hasta último minuto y lo que el quería se hacía, sus otros locales repartidos en la ciudad no le preocupaban ya estaban cerrados.  Las cosas se habían puesto bravas,  ululantes a los lejos las ambulancias, disparos  distantes, se anunciaba toque de queda. Marta la cocinera,  mujer de pueblo cuarentona regordeta ella también, le rogaba que cerrara,- Don Mario yo ando con la Lupe no puedo andar sin ella- . Finalmente Mario cerró el local, tuvo que meter a Carlos en el porta maletas ya que no cabía en la cabina. Muy de malas pulgas Mario no quería saber nada de nada,  Marta se quejaba y rogaba a Dios que no fueran interceptados por los militares ya que ella andaba con la Lupe, atrás la Cristi temía por Carlos en la maleta. Tomaron calles secundarias para iniciar el viaje. Marta seguía con sus letanías argumentando que en Los Nogales,   barrio bravo, ella no podía caminar sin su fiel Lupe, atrás Cristi aterrorizada de que los militares descubrieran a Carlos en el porta maletas. El viaje siguió con Mario sordo y mudo, hasta que  en la cercanías de la estación de ferrocarriles Estación Central, una patrulla militar armada hasta a los dientes y con  brazalete rojo , se plantó delante y los detuvo, Mario seguro de si mismo  les contó su historia añadiendo  que en el porta maletas estaba un empleado llamado Carlos. Lo militares no estaban para bromas, hicieron descender a todo el mundo y ordenaron a Mario abrir el porta maletas, de la que emergió un  Carlos  con ojos muy abiertos que se encontró con un cañón  en las narices. Sin embargo el jefe de la patrulla parecía comprender la situación  y se disponía a dejarles el paso libre cuando notó que Marta estaba muy nerviosa y tenía algo sólido  oculto bajo el vestido.  Le ordenó vozarrón autoritario que mostrara lo que  tenía allí escondido.  Marta gimoteando sacó de entre sus géneros complejos un afilado cuchillo carnicero de unos 20 a 30 centímetros. El militar escandalizado asiendo firme su arma bramó: ” ¿y eso que es?”, Marta sollozando dijo:

La Lupe.

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