VILLAS CARCELES

 

CREDITO: mundo+.tv

Estamos en una villa, no se trata de una población brava, ni de una villa miseria,  es una villa instalada en la ciudad extensa a poca distancia de barrios de alta clase media, una villa donde quienes viven ya sea por sus propios medios y o por ayuda municipal o crédito o lo que fuera han levantado  rejas imponentes  de dos metros de altura en la calles interiores, rejas equipadas en un lado de ambas bocas con un sistema de citófonos que permiten pedir el acceso a los visitantes o a quienes llegan sin llave, en la otra boca un pesado candado cierra la reja.

 Las calles cerradas son aquellas que van de norte a sur, las calles abiertas son aquellas que van de este a oeste.

 En las calles enrejadas a modo de cárceles departen vecinos, niños juegan, vecinas comentan sus avatares como en el patio de enorme  alucinante cárcel estatal.

 De este a oeste las calles son libradas a todo, los traficantes de droga las copan sin mayor obstáculo, marihuana, crack, pasta base, cocaína, morfina robada  de hospitales. Son todos muy conocidos, hay casas faro de la droga, puertas abiertas de par, todos los saben, todos los conocen, la oferta  llega hasta las feria-mercado semanales sin límite alguno.

 El estado allí no puede asegurar el imperio de la ley, tampoco puede asegurar educación, tampoco salud en caso de emergencia ya que las ambulancias  suelen sencillamente no llegar, tampoco se aseguran normas de civilidad, tampoco de valores morales, para muchos de ellos el robo es solo recuperación, la violencia es ley natural, muchos jóvenes no conocen lo que son los límites en ningún aspecto, límites sin embargo  necesarios para  la vida en sociedad.

 Hay gente que a pesar de todo viven honestamente, que trabajan en silencio, jóvenes que estudian, dueñas de casa que se esfuerzan por salvar a sus familias y educar a sus hijos, ante la mirada impotente de sus esposos o parejas. Son los encarcelados de esas villas, aquellos que prisioneros de la dictadura de los narcos que  no conocen la democracia, ni la libertad, ni las oportunidades, que el único mercado que allí parece ser libre y desembozado es aquel dominado por bandas de narcos.

 El primer círculo a pocos pasos.

 Es el fruto de 18 años de gobierno de centro izquierda en Chile, que sistemáticamente a ninguneado la amenaza del narcotráfico y la delincuencia en aras de un garantismo que no pasa de ser una abierta inaudita tolerancia al mal y un desapego absoluto al bien común, 4 gobiernos desde 1990 que han intentado demoler los valores familiares dejándolos librados al  voracidad del  instinto depredador, que han cultivado el resentimiento social y la venganza  para  controlar de las mentes de los desposeídos y así mantenerse en el poder.

 Eso es lo que asegura el estado con el dinero de nuestros impuestos al ciudadano de a pie, son esas  villas y poblaciones  habitadas por  decenas de miles de ciudadanos de a pie, no reina allí ningún valor de la sociedad libre ni los principios del mercado como asignador de recursos, tampoco las reglas que hacen viable esa forma de vida.

 En esta semanas  en que el planeta esta viviendo una crisis primero financiera y luego económica que está desembocando en una recesión mundial, muchos nostálgicos de las soluciones totalitarias hoy adversarios solapados del sistema de democracia representativa y el mercado como asignador del recursos, llaman al estado asumir la dirección de la sociedad, para lo cual imaginan implementar regulaciones mágicas capaces de repartir la justicia y al igualdad y el amor y la virtud para todos.

 Cabe preguntarse si durante  18 años de bonanza y poder político han podido solo establecer  lagunas macabras, gettos del mal, verdaderas villas-poblaciones-cárceles, para quienes dicen defender, por los que dicen desvelarse en los discursos:

  ¿Que podemos  esperar de un estado hiper-regulador en los próximos años de decrecimiento y pobreza?

 Mientras tanto resuenan en cada corazón de las vidas que comienzan,  vidas que allí nacen, el poema “Todas íbamos a ser reinas” de Gabriela Mistral.

 

Pero en el valle de Elqui, donde
son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron
y las que vienen cantarán:

-“En la tierra seremos reinas,
y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos,
llegaremos todas al mar.”

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