Incertidumbres desde la Droga: La Chica Eléctrica

 

Tu madre nos dijo que finalmente estabas donde debías estar, según ella misma y todos nosotros, que el chascón según lo llamó tu madre,  tu nuevo amor te había llevado. Ese día te fui a ver, me lo habías pedido y no me dejaron verte, mi ira impotente hizo que los torpes encargados pensaran que yo  estaba loco. Ya sé, tú piensas lo mismo

Recuerdas que la primera vez que conversamos te acercaste a mí como un pajarito perdido entre sollozos, te abracé y te acurrucaste. Decidimos, con Xime tu gran amiga, ayudarte  y pelear por ti, por tu vida.

Recuerdas que fui a sacarte acusada de  aquel supermercado Líder, pronto Wall Mart, recuerdas que tuve que rogarle al indignado  jefe de seguridad y a los policías por una oportunidad, recuerdas que se quejaron rudamente que los habías arañado, recuerdas que al final saliste y me regalaste una cigarrera  que habías escondido  entre tus ropas íntimas. Recuerdas que el policía te dijo que era una oportunidad que te daba el sistema, que no te quejaras después que no se te ayudaba. Gran tipo ese carabinero parecía más un padre cariñoso que un policía. Recuerdas fuera ya, después de mi severo sermón,  inconsciente como eres, me dijiste que eras la chica eléctrica.

Recuerdas aquellas vez que  Xime,  tú y yo la pasamos juntos,  fue una tarde inolvidable para los tres.

Recuerdas esa noche que me llamaste desesperada y salimos a comer papas fritas junto a tu hija pequeñita,  conversamos sentados juntos en esa plaza nocturna,  que estabas a régimen y la final yo me las comí casi todas. ¿Recuerdas?

Recuerdas esa vez que conversamos en un banco junto al canal toda la tarde hasta  que se te pasó la borrachera y te llevé casa, eran días próximos a navidad, eran días de ferias navideñas te compré una sorpresa y ganaste  un autito minúsculo, estabas feliz.

Recuerdas que ironizabas de mis amenazas de no verte más si volvías a recaer.

Recuerdas  aquel discurso-reproche-furibundo-impotente de mi parte delante tu familia y Xime, me contaron que después  te habías ido de la casa por dos días,  apareciste con tu chascón que te había finalmente convencido de hacer lo que debías hacer.

Tal vez poco recuerdas o tal vez no, esas y muchas otras cosas, recordamos tus lágrimas, tus luchas, tus caídas y levantadas, tu pobreza, tu desesperanza y tus buenas bromas.

Nosotros te recordamos y ya no sabemos nada de ti.

Hoy  hemos ido a visitarte, nos han informado que te habían dado permiso ayer solo por unas horas   y que no habías vuelto más.

¿Dónde estarás avecita  moribunda?

¿Estarás con tú chascón?

 

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