Could we start again, please?

Solo hubiera querido    que te quedaras un poco más.

Quisiera empezar de nuevo, desandar lo andado como dice la canción y vivir todos los momentos otra vez, quisiera ver aquel que apareció chupándose el pulgar con una tranquilidad única, me gustaba que vistieras de muchos colores, que te escondieras bajo al mesa cuando cometías alguna falta y miraras con esos a grandes ojos negros, me gustaría que fueras otra vez el Chipi, el motorcito que movía pies y manos como un avión, sí, me gustaría empezar de nuevo llevarte otra vez a Francia, a Paris, visitar los castillos que tanto te cansaban, llevarte a pasear en la nieve, ir a todos esos colegios y escuelas a buscarte…

En estos días viene el recurdo de mi madre y sus lágrimas cuando yo partí exultante de su casa con una maleta de plástico rumbo a Paris, sin saber que nunca más volvería, porque el destino no está escrito en ninguan parte

 El tiempo es un tigre – decía Borges – y ese tigre me devora… hoy día se me hace pesado el devenir.

Yo sé que no es posible

Sin embargo, fíjate tú

Solo hubiera querido    que te quedaras un poco más.

9 Respuestas a “Could we start again, please?

  1. Guillermo, después de “pinchar Chipi “y a un punto de vista inteligente que recibí , comprendí el sentido de tu escrito.

    Vamos Chipi…

    “Hoy muy temprano fui a volar. Desde esa tercera dimensión contemplé la tierra que habito y los cielos diáfanos de mi Chile amado. Saqué del nido de Rungue a un nuevo aguilucho piloto… integrado, después de su curso de aviación al grupo de iñores voladores de la Pista Santos Dumont,…él, muy orgulloso de su primera salida, referencia – tierra – fuera del valle kilómetro 52 ruta 5 norte.

    Estrenaba su ULM nuevo, flamante…fuimos a San Felipe,aterrizamos, ”socializamos” con los colegas un rato, después de esa pausa ( el primer respiro novicio al volar fuera del nido) reemprendimos vuelo hacia el Norte sin yo informarle donde íbamos, tocamos tierra en el campo de un amigo en Los Andes. Un par de jugos de piña y suficiente.

    De vuelta a Rungue turbulencias “non gratas” surgieron en el caprichoso aire, tranquilidad en los mandos, retornamos sin novedad.

    Nos esperaban con unas ricas copas colmadas de Champagne…¡Salud! ¡Hasta verte Cristo mío!

    Buenos vientos soplan en Chile…hay que aprovecharlos, enseñar a los jóvenes es una vocación grata, no recompensada… queda un sentimiento feliz, reproducir el amor por los cielos de Chile pero con los pies bien puestos en la tierra. “

  2. Muy hermoso lo que nos cuentas Leo, salido de la verdad y la profundidad de tu amor por tus hijo y los cielos, parodiando a un franchute yo diría que vives cerca del cielo es la razón porque a menudo nos traes noticias de esa alta dimensión azul soleada estrellada gris turbulenta pero siempre desafiante, viva, a los de a pie que vivimos a ras de tierra nos es díficil sino imposible mirar desde las alturas.

    Hoy voy a comprar maletas, con el alma chiquitita, con una especie de angustia en el corazón, rogando a los cielos porque le vaya bien, es el fin de una etapa en la vida y el comienzo de la ruta hacia la estación final. Estos sentimientos son propios del que se queda, el que deja el nido va feliz animoso. El nido lo esperará. Lo más sorprendente es que nunca imaginé sentir así

  3. Cuando yo mismo dejé mi nido se escuchaba:

  4. Hoy es el año del terremoto y maremoto, el de los 33 mineros, el de los 34 mapuches, el de Punta Choros, el cambio de gobierno, el bicentenario 2010 y ahora mismo escucho así nomás al azar:

  5. Estimado Leo

    Cuando le dije que pensaba comprarle maletas comentó -tratando de disuadirme gentilmente- que iría con cualquier cosa, que buscaría entre la cantidad de maletas, bolsos viejos y maltrechos que había en casa, que de todas formas las maletas se usan una vez y se dejan por ahí. Mientras me hablaba recordé que cuando partí de casa de mi madre lo hice con una maleta de plástico sin candado, comprada en el barrio Mapocho, era inútil ponerle candado a esa fiel y viajada maleta ya que se podía cortar con la uña del dedo, tal vez ese aspecto mísero hizo que nunca sufriera un atentado a pesar de lo que viajó en Europa, EEUU y las Américas.

    Argumenté que mejor le compraba maletas muy presentables, así si alguna vez veía las maletas le darían ganas de viajar a visitarnos – se sonrió ampliamente- y me recordó riendo de buena gana una anécdota que seguramente le habían contado sin yo saberlo.

    Eran las horas del preludio de un viaje a Paris de un año de estadía, partía en 24 horas, el último medio-día en la oficina y dos de mis compañeros tan farreros como es de imaginar, me presionaban para hacerme una despedida, historia de salir, comer y beber como cosacos, asunto que me provocaba y para el que yo estaba siempre bien dispuesto. Sin embargo respondí que me ponían en difícil situación ya que había que hacer las maletas en casa sobre todo que además había un niño de tres años de edad involucrado en el viaje. Ante la contumaz insistencia finalmente les sugerí que llamaran ellos a mi casa y “pidieran permiso”. Hombres que no le temían a nada, llamaron asegurando que me llevarían temprano y en buenas condiciones, que ellos mismos ayudarían en el asunto maletas. La respuesta no se hizo esperar: “No tenemos maletas”.

    En aquellos días se escuchaba:

  6. Leo, cada vida es mundo aparte un universo de vivencias, recuerdos y sueños, en aquellos tiempos cada vez que podía escuchaba, obsesivamente, en un tocadiscos que tenía una aguja que sacaba viruta de vinilo desde la negra superficie del disco:

  7. Guillermo, tal parece que las maletas no son genéticamente necesarias para Chipi y para ti, más útiles podrían ser para guardar los miles de miles de recuerdos gratos, de tiempos pasados presentes y por venir.

    Al leer tu relato surgió rápido a mi memoria una vieja maleta que perteneció a mi abuelo Alfredo Echeverría Arce. Era la única disponible en casa, de tamaño medio a pequeña, en ella llevé mis prendas personales cuando ingresé al Seminario Salesiano de Quilpué, a la primera visita de mis padres, transcurrido seis meses, fue recuperada por la familia…

    Cuando regresé al hogar ni siquiera la necesitaba, regresé con lo puesto, nada era mío, volví a vestir el terno con el cual llegué, color gris marengo, los pantalones aún me quedaban bien, la chaqueta me la eché al hombro, no cabía en ella.

    Entiendo los momentos que estás viviendo, es…diría una vieja…”la ley de la vida.”

    En estos días estuvimos solos en casa mi hijo Mateo y yo. Enfermó de influenza, demasiado tarde para recurrir a antibióticos, tenía que pasar, el bicho vivía en él y solamente quedaba esperar que muriera vencido por la fortaleza de mi cachorrón. Paños fríos en la frente y en el estómago, Actren y Trioval, todo puntualmente cada ocho horas, dieta especial, soy un cocinero avezado, todos mis hijos conocieron mi mano desde que abandonaron la leche materna. Muy simple, compraba colados Nestlé y en vez de botar los envases los aprovechaba una y otra vez, preparaba bases de carne, pescado, pollo y en mayor cantidad verduras para combinarlos con los primeros y los congelaba. Después a “baño María” “pret a manger.”

    Lo más sabroso fueron esas largas conversaciones que habitualmente no se dan en la vida cotidiana “por falta de tiempo”, en el diario trajinar. Trataba de rebelarse, de levantarse anticipadamente, protestaba…yo le decía…¿ y quién es el “dostor”?

    Un beso en la parte más frontal de mi pelada fue el premio.

    Un fuerte abrazo amigo Guillermo.

  8. Guillermo, repito un escrito “volado” , de esas cosas que suceden en el cielo…

    Un día muy despejado divisé en el cielo lo que me pareció era uno de los primeros vuelos de un precioso aguilucho escoltado por sus padres. Iban en formación muy curiosa, se veían como una punta de flecha que rasgaba la altura avanzando al revés, padre y madre adelante y más atrás el joven príncipe de los cielos sin desviar un ápice la dirección que le indicaban sus amorosos y orgullosos padres. No resistí la tentación, desaceleré casi al punto de un stall (caída por falta de sustentación) y me ubiqué en paralelo a unos 100 metros siguiendo la formación, cuán sabia la naturaleza, los líderes se acercaron a la montaña para recibir las térmicas ascendentes, mi ultraliviano se comportó como un planeador, fuimos lanzados a lo alto por la canícula del medio día, el padre sol estaba entregando su regalo al novicio, y yo metido entre ellos indigno invitado ocasional.

    El variómetro de mi frágil avión marcaba el máximo de ascensión, ya el aire enrarecido por la falta de oxigeno invitaba a descender, entonces los tres guías de este ignorante del aire (yo) en violenta picada cambiaron rumbo hacia el valle, bastón de mando izquierdo pedal derecho seguí la maniobra hacia abajo hasta que la velocidad a full aceleración hizo temblar las alas al fuselaje y a mí convulsionando todo, aún así quería continuar, más la prudencia ante una inminente desintegración la cordura me hizo desistir y acelerador y bastón atrás nivelé el vuelo contemplando a lo lejos la perfección de una picada controlada de los reyes del cielo.

    Ni toda la tecnología aeronáutica inventada hasta hoy podrá igualar la espontaneidad, la belleza y la precisión del vuelo libre de los que nacieron con alas para volar.

    Un bípedo implume pedestre.

  9. Vamos Chipi, vamos Graznido, a volar un avión francés aunque sea desde un pc…de los buenos…

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