EL MILAGRO DE ADRIANA SENTADA A LA DIESTRA DE DIOS PADRE PARTE I

La llamada

A tumbos transcurría el año 2005, febrero, viernes 22, a eso de mediodía recibí una llamada de mi hermano Licho, mi madre Adriana estaba muy mal, el desenlace era inminente. Respiraba agitadamente parecía llorar, de pronto dejó de agitarse, un velo blanco descendió rápidamente desde la frente hacia abajo cubriendo todo el cuerpo, el velo de la muerte la cubrió. Se había ido.

Me preocupé de que se fuera con ella la botellita de plástico de la Virgen de Lourdes, llena de agua bendita, que el año 1990 había traído desde Francia. Guardé para mí un cirio, alguien me dijo que había que rezarle con el cirio hasta que este se consumiera. No soy un personaje particularmente creyente, a veces soy religioso, otras veces agnóstico y otras veces me digo con cierto temeroso desparpajo: soy ateo. Como decía mi madre Adriana: “Wille tú eres un plato”. En esos momentos era creyente. Mi madre sí era creyente, una vez al año iba a la misa anual del Domingo de Ramos, siempre había un Ramo en casa, creía en Dios todos los días del año.

Mi madre nació el 21/07/1920, la suma de todos los dígitos es 22, falleció el 23/02/2002 la suma de los dígitos es 11

Se había ido con ella buena parte de mi niñez y juventud, ella me enseño a leer y escribir con el silabario “El OJO” de tal modo, con tanta exigencia y algunos tirones de oreja, que en la escuela me pasaron sin cursar el primer año, directo al segundo año de educación básica.

Mi madre tocaba el piano por música, trató de enseñarme Claro de Luna de Beethoven

Mi madre me abrazó cuando fui admitido en la enseñanza secundaria, en aquellos tiempos era muy difícil ser admitido en un liceo.

Mi madre me abrazó cuando fui admitido en la Universidad, palabras mayores que rimaban con lo casi imposible.

Mi madre me hacia porotos con tallarines (riendas) y cuero de chancho, cazuela de vacuno y me llevaba el desayuno a la cama.

Mi madre fue a Paris a verme y pasear conmigo

yomadre

Mi madre bailaba sola en su pieza

Pero por sobre todo mi madre Adriana me quiso mucho.

La petición

La nave central de la iglesia era enorme, mediodía, nosotros éramos muy pocos, no importaba, la familia siempre fue muy solitaria, nos teníamos solo a nosotros frente a la complejidad.

 El Tío Marcial se sacudía de llanto sin parar, yo lloraba también sin poder contenerme

El sacerdote dijo:

“Adriana sufrió más que Cristo en la cruz, estuvo postrada 12 años, ahora está sentada a la diestra de Dios padre, pueden pedirle a Adriana interceder ante Dios por alguna cosa que Uds. quieran”

Yo mísero de mí, pedí, pensé por una parte que en fondo no debería pedir nada en tales circunstancias, por otra parte, mi situación era tal que debía hacerlo, era una mano que necesitaba, que se ofrecía desde el cielo, no pedir sería una fatal arrogancia y pedí:

“Que el proyecto que había presentado hacía semanas ya a “El Cliente” fuera aprobado”

En el cementerio leí unas palabras dedicadas a mi Madre Adriana, casi no pude terminarlas me quebré absolutamente, afortunadamente mi hijo mayor me sujetó y pude mantenerme en pie.

Mi madre desapareció en la oquedad. Entonces comprendí mi soledad afectiva en aquellos días y quizás desde hace muchos días, años. La única persona que me quería sin condiciones, presta a perdonarme todo y seguir queriéndome más aún, que me protegía con su amor incansable, me había dejado, me sentí desvalido, desprotegido en un mundo sino hostil indiferente.

El milagro

De pronto todos se habían ido, estaba solo, eran alrededor de las 13 horas, la verdad es que era y soy una especie de nowhere  man.

Alcancé sin embargo un auto del hogar de Cristo que en su viaje pasaba por el centro de Santiago.

Una vez en el centro decidí ir a ninguna parte, consideré que mi madre estaría de acuerdo si me comía un exquisito (sándwich) lomito completo y un gran shop cerveza, estaba casi terminando ya, quedaba muy poca cerveza y de pronto, a eso de las 14 horas, suena el celular: “Guillermo, he tomado la decisión de aprobar tus presupuestos a condición de que mañana a las 08.00 AM partas en un (avión) Hércules (C130) desde en Grupo 10 hasta Antofagasta para empezar a trabajar inmediatamente”. Era la inconfundible voz de Pepe, intenté decirle a Pepe que venía del funeral de mi madre que además estaba bebido con casi dos litros de cerveza, pero nada, como si no hubiera escuchado “… tienes que venir ahora a mi oficina para las formalidades. Yo te daré todo el apoyo desde Santiago, lo que necesites solo pídelo, me mantienes informado cada día, conversaremos de tu madre pronto”. Habían transcurrido apenas dos horas desde la petición durante la misa.

En la noche preparé apresuradamente las maletas, cirio incluido, me sentía iluminado por algo que venía desde el cielo.

El vuelo, cuyos números sumaban 11, pasó sin contratiempos, aterrizábamos en la mayor base militar del país, las familiares enormes multitonos extensiones desérticas estaban allí… sentía que mi madre me acompañaba, descendí pues muy seguro de mí, el cirio en las maletas, ante una tarea muy complicada, un jeep me llevó a la oficina del jefe local.

Muchos abrazos de Adriana me esperaban, ya sabía que mi madre no me dejaría jamás,

(Continuará Parte II en algún momento)

 

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