Alicia y su caballero enbicicletado

En aquellos días se escuchaba en las radios, el único mass media electrónico de esos lejanos tiempos, el tema “No quiero serlo” de Ginette Acevedo, recuerdo que algún locutor de radio al presentar el tema dijo “que era muy bueno que alguien no quiera ser en “estos tiempos” en que todo el mundo siempre quiere ser”…. los Homo sapiens no han cambiado después de todo, el amor platónico tampoco.

Ella era Alicia Fuentes Calderón una bella rubia de cara ovalada, pelo liso y largo, trabajaba junto a su hermana en la conocida empresa Ferriloza, vivía en un pequeño conjunto de lindas casitas muy cerca de la carretera panamericana: la población Ferriloza, tenía yo unos 16 años ella también, averigüé que ella partía a Ferriloza a eso de las 7 AM y llegaba a casa alrededor de las 17 horas. Iba yo a interceptarlas más o menos esa hora, pedaleando ansioso por las calles de tierra cruzando una línea férrea y la carretera panamericana montado en una robusta bicicleta Milton de color verde que había adquirido el Tío Marcial de un deudor que no tenía como pagarle un piano. Alicia tenía también un tío relevante pero aparentemente de malas pulgas, que le prohibía salir sin su hermana ni hablar con extraños, a mí nadie me prohibía nada, era yo un buen niño hasta el exceso.

Enamorado, tímido atroz, la miraba pasando desde la bicicleta sin decir palabra, ella al principio no miraba, pero después de algunas recurrencias, tal vez pasado el susto, empezamos a saludarnos: Hola -decía yo, hola – decía Alicia. yo me alejaba prestamente con el corazón, que es este mismo añoso, lento, desformado, irregular corazón de hoy, latiendo aceleradamente y a toda velocidad en la Milton, feliz muy feliz recontra feliz.

Las cosas avanzaron un poquito más, la esperaba entonces a unas dos cuadras de su casa. Su buena hermana esperaba unos metros alejada vigilante e intercambiábamos unas entrecortadas palabras embobados ambos, nada de insinuaciones nada de tocarle ni un dedo, enamorado hasta las patas.

Sin embargo nada es fácil y este amor platónico y apasionado no fue diferente, una vez en esos días me salieron al paso unos rufianes desorejados al cruzar la línea del tren, venían a intimidarme para yo me alejara de Alicia, con el propósito de apoyar a otro amigo de ellos mismos que tenía también intenciones hacia Alicia, bastantes temibles de aspecto y mal presentados, me rodearon recomendando y azuzando al pretendiente en voz alta para que yo escuchara claramente: ¡Párale los carros en Batuco de una vez para que aprenda!! En otras palabras: sácale la cresta y media, pero no pasó nada, al parecer mi desconocido rival resultó ser un buen chico, proseguí mi pedaleo, de todas formas nunca dejaría Alicia, pensaba yo.

Un par de días acompañé Alicia y su hermana a las 7 AM hasta Ferriloza, ella caminaba con los brazos cruzados, yo a su lado con la Milton de la mano como el buen corcel del Llanero Solitario. Su hermana unos pasos tras nosotros observaba sin decir palabra. Yo la vivía como una bella historia de amor. Yo Rock Hudson ella Doris Day. Alicia se mostraba siempre muy temerosa de que su tío la sorprendiera conmigo. Platónicamente las cosas continuaron durante algunos gloriosos días.

Un día fatalmente no la encontré, así pasaron varios angustiosos días, mi búsqueda me llevó a un vecino de su familia, me contó que se habían mudado de barrio por cuestiones de trabajo de su tío, nadie sabía más. Al poco tiempo yo mismo me cambié de comuna, a Ñuñoa, cuestión de movilidad social, todo lo que me quedó de ella es este fugaz recuerdo y el tema de Ginette Acevedo. En general ni mi tío ni casi nadie que me conociera supo nunca de estas y otras hazañas osadas perpetradas en su famosa bicicleta Milton… un tonton vecino/amigo que me sorprendió con ellas un par de veces preguntándome descriteriadamente quien era esa niña que se parecía a mi tía Cecilia.

Mi tía Cecilia, además de tía, se comportaba como una buena y bondadosa amiga, hasta confidente a pesar de la diferencia de edad, cuando le conté la historia y la opinión de mi vecino/amigo que tanto me indignó, estalló espontáneamente en una gran carcajada…

 

GRAZNIDO

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