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ASÍ FUE

Así fue mi vida un valle entre dos túmulos.

Un día después de mucho andar y mirar, recorriendo escuelas básicas, liceo y universidad con zapatos rotos, mal trajeado y sin un peso en los bolsillos de pronto todo cambió y me encontré en Paris, sí en Francia, con algún dinero y unos pocos gastos en la ciudad luz, comiendo caviar y langosta en recepciones inimaginables para quien llegó desde Santiago de Chile con una maleta de plástico y zapatos con suela de madera quebrada donde se colaba el agua de lluvia

Tuve suerte

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Alicia y su caballero enbicicletado

En aquellos días se escuchaba en las radios, el único mass media electrónico de esos lejanos tiempos, el tema “No quiero serlo” de Ginette Acevedo, recuerdo que algún locutor de radio al presentar el tema dijo “que era muy bueno que alguien no quiera ser en “estos tiempos” en que todo el mundo siempre quiere ser”…. los Homo sapiens no han cambiado después de todo, el amor platónico tampoco.

Ella era Alicia Fuentes Calderón una bella rubia de cara ovalada, pelo liso y largo, trabajaba junto a su hermana en la conocida empresa Ferriloza, vivía en un pequeño conjunto de lindas casitas muy cerca de la carretera panamericana: la población Ferriloza, tenía yo unos 16 años ella también, averigüé que ella partía a Ferriloza a eso de las 7 AM y llegaba a casa alrededor de las 17 horas. Iba yo a interceptarlas más o menos esa hora, pedaleando ansioso por las calles de tierra cruzando una línea férrea y la carretera panamericana montado en una robusta bicicleta Milton de color verde que había adquirido el Tío Marcial de un deudor que no tenía como pagarle un piano. Alicia tenía también un tío relevante pero aparentemente de malas pulgas, que le prohibía salir sin su hermana ni hablar con extraños, a mí nadie me prohibía nada, era yo un buen niño hasta el exceso.

Enamorado, tímido atroz, la miraba pasando desde la bicicleta sin decir palabra, ella al principio no miraba, pero después de algunas recurrencias, tal vez pasado el susto, empezamos a saludarnos: Hola -decía yo, hola – decía Alicia. yo me alejaba prestamente con el corazón, que es este mismo añoso, lento, desformado, irregular corazón de hoy, latiendo aceleradamente y a toda velocidad en la Milton, feliz muy feliz recontra feliz.

Las cosas avanzaron un poquito más, la esperaba entonces a unas dos cuadras de su casa. Su buena hermana esperaba unos metros alejada vigilante e intercambiábamos unas entrecortadas palabras embobados ambos, nada de insinuaciones nada de tocarle ni un dedo, enamorado hasta las patas.

Sin embargo nada es fácil y este amor platónico y apasionado no fue diferente, una vez en esos días me salieron al paso unos rufianes desorejados al cruzar la línea del tren, venían a intimidarme para yo me alejara de Alicia, con el propósito de apoyar a otro amigo de ellos mismos que tenía también intenciones hacia Alicia, bastantes temibles de aspecto y mal presentados, me rodearon recomendando y azuzando al pretendiente en voz alta para que yo escuchara claramente: ¡Párale los carros en Batuco de una vez para que aprenda!! En otras palabras: sácale la cresta y media, pero no pasó nada, al parecer mi desconocido rival resultó ser un buen chico, proseguí mi pedaleo, de todas formas nunca dejaría Alicia, pensaba yo.

Un par de días acompañé Alicia y su hermana a las 7 AM hasta Ferriloza, ella caminaba con los brazos cruzados, yo a su lado con la Milton de la mano como el buen corcel del Llanero Solitario. Su hermana unos pasos tras nosotros observaba sin decir palabra. Yo la vivía como una bella historia de amor. Yo Rock Hudson ella Doris Day. Alicia se mostraba siempre muy temerosa de que su tío la sorprendiera conmigo. Platónicamente las cosas continuaron durante algunos gloriosos días.

Un día fatalmente no la encontré, así pasaron varios angustiosos días, mi búsqueda me llevó a un vecino de su familia, me contó que se habían mudado de barrio por cuestiones de trabajo de su tío, nadie sabía más. Al poco tiempo yo mismo me cambié de comuna, a Ñuñoa, cuestión de movilidad social, todo lo que me quedó de ella es este fugaz recuerdo y el tema de Ginette Acevedo. En general ni mi tío ni casi nadie que me conociera supo nunca de estas y otras hazañas osadas perpetradas en su famosa bicicleta Milton… un tonton vecino/amigo que me sorprendió con ellas un par de veces preguntándome descriteriadamente quien era esa niña que se parecía a mi tía Cecilia.

Mi tía Cecilia, además de tía, se comportaba como una buena y bondadosa amiga, hasta confidente a pesar de la diferencia de edad, cuando le conté la historia y la opinión de mi vecino/amigo que tanto me indignó, estalló espontáneamente en una gran carcajada…

 

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¿Has visto la lluvia caer?

Del CERN al Vaticano, Europa evoca el legado de Hawking

Origen: Del CERN al Vaticano, Europa evoca el legado de Hawking

MI STEPHEN HAWKING

 

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La vida, ese transcurrir entre dos túmulos como lo dijo Vinicius unidos por múltiples bifurcaciones en el jardín de la vida (Borges), me llevó una mañana parisina a una librería tal vez en el Drugstore de Montparnasse, un año del que no quiero acordarme.

Allí vi un libro marcado por una vistosa cinta roja “Nouveau”, se trataba de la famosa “Une brève histoire du temps, subtitulada “Du Big Bang aux trous noirs” (Una breve Historia del tiempo, desde Big Bang a los Agujeros Negros). ¡Escrita por un científico del que jamás había escuchado hablar… en silla de ruedas!… Stephen Hawking.

En esos tiempos viajaba a menudo entre Burdeos y Paris, yo había pedido viajar en TGV en lugar del fatídico avión. Me bastaron dos viajes Paris-Burdeos para completar su lectura. Ese día al llegar a la Reunión con mis jefes en Paris no pude contenerme y les conté de la tremenda impresión y alegría que me provocó terminar el libro, libro difícil. “Cuando terminaste el libro seguro que “tu lui a filé une baffe a ton copain de voyage” (Le pegaste una bofetada al pasajero más cercano)” me dijo uno de ellos. Conversamos un momento el hecho que Hawking afirmaba que Dios de existir habría creado el universo con algunas leyes, que sin embargo una vez creadas tales leyes Dios no intervino nunca más. “Se trataría entonces de una trayectoria balística (no guiada)” acotó otro. Finalmente Hawking dijo que si la humanidad (él lo creía) encontrara en los próximos años la teoría del todo (la teoría en que un solo modelo explicaría desde las sub partículas atómicas (mecánica cuántica) hasta lo cosmológico (relatividad)). Si eso sucedía la humanidad habría cumplido con el mayor logro: “Saber lo que Dios pensó al crear el universo”… no hubo comentarios, tal vez un silencio lleno de esperanzas…

Trece años después apareció otro libro de S Hawking “El universo en una cascara de nuez”, lo compré en Santiago de Chile antes de viajar a la ciudad de Antofagasta en el Norte de Chile, esta vez en español y con hermosos gráficos. Hawking reconocía que éramos más complejos y menos profundos en nuestras sociedades, no se había encontrado la teoría del todo, Dios se alejaba, en alguna declaración a la prensa confirmó que era ateo. El libro era también monumental de divulgación científica e introducía las nociones de complejidad descubiertas en el siglo XX, el teorema de incertidumbre de Heissenberg, la teoría del caos y el teorema de incompletitud de Goedel. La incertidumbre era entonces ya parte de la ciencia.

Por supuesto que el contenido del libro a medida que lo leía se lo comenté extenuantemente a mi amigo Pepe de Antofagasta… esto porque en algún momento tuve la sensación de que al aceptar las complejas teorías de Hawking estaba haciendo un acto de fé, lo que alegraba considerablemente a mi amigo  … era Schoenstat.

Otros diez años después, ya no recuerdo con precisión, viviendo donde ahora vivo sin viajes, apareció “El gran diseño” de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow, otro libro excepcional. Esta vez partía afirmando que la filosofía había fracasado en la búsqueda del ser y que era la física la que la llevaba.

Planteaba una serie de teorías para mí revolucionarias entre otras:

  • En el principio (Bang Bang) no existió el tiempo había en efecto 4 dimensiones todas espaciales
  • Que más allá (antes) del Big Bang no procedía preocuparse ya que no había tiempo…
  • Que la teoría de las cuerdas (Teoría M) era la candidata privilegiada para llegar a explicarse el origen del universo y su evolución.

Finalmente Hawking nos detalla porqué existiendo la ley de gravedad se hace posible la generación espontánea del universo, Dios ya no era necesario para explicar la creación.

Han pasado pues muchos años, hace dos días Stephen Hawking falleció en Londres, fue en realidad una compañía de casi toda mi vida productiva llena de ímpetus, los años como dice el tango han plateado  mis cienes y toda mi cabeza.

Llegado a este punto es honesto concluir que me he quedado sin Dios y sin Hawking

Creo además muy probable que en algún momento del futuro volveré aceptar la idea de un Dios o a creer en Dios, en esas circunstancias Stephen Hawking no será para mí necesario

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ZZ

LA LORA PANCHA

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Si bien la casa de Ñuñoa no era tan grande como aquella de La Cisterna, era lo suficientemente grande para tener un gran y añoso Damasco, un parrón con variadas uvas y un espacio para jugar estrechamente una pichanga, los dos hermanos, Licho y Wille, contra el Tío Marcial. Había una pequeña pelota, unos arcos pequeños, que en lugar de red tenían genero y eran en realidad muy pequeños.

A veces jugábamos uno de los dos hermanos contra el tío sucesivamente era en consecuencia un campeonato de tres, cada partido se jugaba al mejor de tres goles. Cuando no estaba yo mismo jugando, eventualmente hacía las veces de relator de match al estilo del famoso relator de futbol radio Hernan Solis. No había TV en aquellos tiempos.

 Había en esos años un loro deambulando en el patio que también participaba de cierta manera en los partidos lanzando de vez en cuando de cuando en vez,  unos alaridos espantosos o jerigonzas inextricables,  pensábamos que la Lora Pancha, así la llamábamos porque ignorábamos su sexo y no nos preocupada averiguarlo, imaginábamos que Pancha hacía las veces de árbitro ya que  caímos en cuenta que sus alaridos correspondían a jugadas en exceso violentas o discusiones agrias  acerca de salidas de la cancha, tema complejo ya que no había rayado de cancha, naturalmente la participación de Pancha moderó las acciones. El rol de arbitraje siempre presenta sus riesgos, el caso de Pancha no fue una excepción, finalmente la lora Pancha recibió un violento pelotazo desviado en la cabeza y después de una voltereta en el aire, huyó de la cancha para no volver nunca más, se contentaba con ver los match de lejos tras las ventanas discretamente sin hacer ruido alguno. Eso sí la sacábamos al patio para la entrega de premios, ella recibía una porción deliciosa de comida, mal que mal era la única espectadora, merecía ser regalada.

Aparte del accidente del fútbol, así es el fútbol, la lora Pancha se paseaba por el patio relajadamente picoteando el pasto, (como gallinita decía mi madre) y cuando algún desdichado gato decidía atacarla recibía una paliza contundente. Era la reina del patio.

La lora Pancha nunca logró hablar nítidamente, tal vez eso se debía a que le entendíamos sus deseos expresados con diversos sonidos. Pancha emitía principalmente cuatro tipos de sonidos:

Los ya mencionados “alaridos espantosos”

La “jerigonza”, que parecía ser un esfuerzo de Pancha por conversarnos: “¿Hola que cola que cola que cola que cola, AHH?” con una voz muy aguda.

Los “remedos” que eran réplicas a conversación de otras personas ubicadas a cierta distancia, se trataba de sonidos más bien bajo nivel y armoniosos, que provocaban alguna consternación en las visitas.

Los “¿AAAHH?” que emitía cuando al parecer deseaba acotar algo, meter la cuchara, en una conversación.

Era, eso sí, una excelente bailadora de chachachá, yo le ponía un chachachá, por algún misterio de la naturaleza lora, la Pancha comenzaba a bailar con una patita para adelante y otra para atrás. Hay que decir que bailaba mejor que yo, mi hermano y el tío, era cuestión de ritmo.

Con tantas singulariidades no se podía decir que La Pancha fuera particularmente educada o ubicada, de hecho, cuando venían señoras a visitar a mi madre o a mi Tía Cecilia, Pancha  remedaba las voces de sus conversaciones, lo que aparte del efecto sorpresa viniendo de una parte inubicable de la casa, provocaba alguna consternación y hacía muy difícil las conversaciones con y entre las visitas. Obviamente esas visitas no volvían. Otras veces venían unos maestros de aspecto similar al dúo cómico “Los Perlas” a barnizar algún piano, en esas ocasiones además de remedarlos constantemente  y con sus alaridos, se asomaba a mirarlos asiendo con una patita la cortina para sí asomar su cabeza balanceándola de arriba abajo, lo que provocaba la reacción los maestros – ¡¡lorea ahí está otra vez!!

 Pero lo más vergonzoso fue que una vez vino a verme sin aviso un compañero de curso, con quien yo solía estudiar, este amigo trató de hacer buenas migas con La Pancha, Pancha como gesto de reciprocidad amistosa, se subió a uno de sus hombros y procedió a cagarse en él… mi madre se obligó a lavar la asquerosidad, a pesar de lo cual no recuerdo haber visto a mi amigo nunca más vistiendo el fatal chaleco.

A pesar de que La lora Pancha disponía de una gran jaula hecha por nuestras propias manos en el patio para vivir, dormía en mi velador entre los zapatos, al despertar se subía mi cama y me picoteaba suave e insistentemente alguna oreja, yo sentía su jadeo, hasta que la sacaba al patio para hacer sus necesidades. Normalmente comía en su jaula, a veces dormía durante el día allí mismo, parada en una patita y su cabeza sumergida en su plumaje

Jugábamos normalmente a los naipes en su presencia, en esos casos se paseaba por la mesa muy oronda, emitiendo casualmente sus sonidos, afortunadamente no sabía hablar sino estoy seguro que delataría los juegos.

Pero, todos los sabemos, todo tiempo feliz acaba como nuestras propias vidas. Un día la lora Pancha enfermó y fue llevada al zoológico en una cajita para ver que tenía y como mejorarla, el diagnostico fue lapidario, fue sacrificada.

Creo que todos lloramos en casa, el vacío, el hielo, la infinita tristeza que nos dejó La Lora Pancha tardó mucho tiempo en ser superado.

Siempre nos acordamos de ella o sea de él, en el paraíso de los loros debe estar aun contando al Dios de los Loros sus divertidas aventuras en nuestra casa de Ñuñoa. Fue regalona y libre.

EL MILAGRO DE ADRIANA SENTADA A LA DIESTRA DE DIOS PADRE PARTE I

La llamada

A tumbos transcurría el año 2005, febrero, viernes 22, a eso de mediodía recibí una llamada de mi hermano Licho, mi madre Adriana estaba muy mal, el desenlace era inminente. Respiraba agitadamente parecía llorar, de pronto dejó de agitarse, un velo blanco descendió rápidamente desde la frente hacia abajo cubriendo todo el cuerpo, el velo de la muerte la cubrió. Se había ido.

Me preocupé de que se fuera con ella la botellita de plástico de la Virgen de Lourdes, llena de agua bendita, que el año 1990 había traído desde Francia. Guardé para mí un cirio, alguien me dijo que había que rezarle con el cirio hasta que este se consumiera. No soy un personaje particularmente creyente, a veces soy religioso, otras veces agnóstico y otras veces me digo con cierto temeroso desparpajo: soy ateo. Como decía mi madre Adriana: “Wille tú eres un plato”. En esos momentos era creyente. Mi madre sí era creyente, una vez al año iba a la misa anual del Domingo de Ramos, siempre había un Ramo en casa, creía en Dios todos los días del año.

Mi madre nació el 21/07/1920, la suma de todos los dígitos es 22, falleció el 23/02/2002 la suma de los dígitos es 11

Se había ido con ella buena parte de mi niñez y juventud, ella me enseño a leer y escribir con el silabario “El OJO” de tal modo, con tanta exigencia y algunos tirones de oreja, que en la escuela me pasaron sin cursar el primer año, directo al segundo año de educación básica.

Mi madre tocaba el piano por música, trató de enseñarme Claro de Luna de Beethoven

Mi madre me abrazó cuando fui admitido en la enseñanza secundaria, en aquellos tiempos era muy difícil ser admitido en un liceo.

Mi madre me abrazó cuando fui admitido en la Universidad, palabras mayores que rimaban con lo casi imposible.

Mi madre me hacia porotos con tallarines (riendas) y cuero de chancho, cazuela de vacuno y me llevaba el desayuno a la cama.

Mi madre fue a Paris a verme y pasear conmigo

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Mi madre bailaba sola en su pieza

Pero por sobre todo mi madre Adriana me quiso mucho.

La petición

La nave central de la iglesia era enorme, mediodía, nosotros éramos muy pocos, no importaba, la familia siempre fue muy solitaria, nos teníamos solo a nosotros frente a la complejidad.

 El Tío Marcial se sacudía de llanto sin parar, yo lloraba también sin poder contenerme

El sacerdote dijo:

“Adriana sufrió más que Cristo en la cruz, estuvo postrada 12 años, ahora está sentada a la diestra de Dios padre, pueden pedirle a Adriana interceder ante Dios por alguna cosa que Uds. quieran”

Yo mísero de mí, pedí, pensé por una parte que en fondo no debería pedir nada en tales circunstancias, por otra parte, mi situación era tal que debía hacerlo, era una mano que necesitaba, que se ofrecía desde el cielo, no pedir sería una fatal arrogancia y pedí:

“Que el proyecto que había presentado hacía semanas ya a “El Cliente” fuera aprobado”

En el cementerio leí unas palabras dedicadas a mi Madre Adriana, casi no pude terminarlas me quebré absolutamente, afortunadamente mi hijo mayor me sujetó y pude mantenerme en pie.

Mi madre desapareció en la oquedad. Entonces comprendí mi soledad afectiva en aquellos días y quizás desde hace muchos días, años. La única persona que me quería sin condiciones, presta a perdonarme todo y seguir queriéndome más aún, que me protegía con su amor incansable, me había dejado, me sentí desvalido, desprotegido en un mundo sino hostil indiferente.

El milagro

De pronto todos se habían ido, estaba solo, eran alrededor de las 13 horas, la verdad es que era y soy una especie de nowhere  man.

Alcancé sin embargo un auto del hogar de Cristo que en su viaje pasaba por el centro de Santiago.

Una vez en el centro decidí ir a ninguna parte, consideré que mi madre estaría de acuerdo si me comía un exquisito (sándwich) lomito completo y un gran shop cerveza, estaba casi terminando ya, quedaba muy poca cerveza y de pronto, a eso de las 14 horas, suena el celular: “Guillermo, he tomado la decisión de aprobar tus presupuestos a condición de que mañana a las 08.00 AM partas en un (avión) Hércules (C130) desde en Grupo 10 hasta Antofagasta para empezar a trabajar inmediatamente”. Era la inconfundible voz de Pepe, intenté decirle a Pepe que venía del funeral de mi madre que además estaba bebido con casi dos litros de cerveza, pero nada, como si no hubiera escuchado “… tienes que venir ahora a mi oficina para las formalidades. Yo te daré todo el apoyo desde Santiago, lo que necesites solo pídelo, me mantienes informado cada día, conversaremos de tu madre pronto”. Habían transcurrido apenas dos horas desde la petición durante la misa.

En la noche preparé apresuradamente las maletas, cirio incluido, me sentía iluminado por algo que venía desde el cielo.

El vuelo, cuyos números sumaban 11, pasó sin contratiempos, aterrizábamos en la mayor base militar del país, las familiares enormes multitonos extensiones desérticas estaban allí… sentía que mi madre me acompañaba, descendí pues muy seguro de mí, el cirio en las maletas, ante una tarea muy complicada, un jeep me llevó a la oficina del jefe local.

Muchos abrazos de Adriana me esperaban, ya sabía que mi madre no me dejaría jamás,

(Continuará Parte II en algún momento)