Rendez-Vous Valerien

 

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PARIS

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Cada mañana al abrir la puerta decía: “¡allá voy Paris! En aquellos tiempos trabajaba en Paris, todo lo veía con grandes ojos muy abiertos, salía cada mañana con mi maletín negro descendía los 5 pisos del edificio en que estaba nada menos que “El Lido”, 4 étages , y ya estaba en el primer piso, rez-de-chaussée, una galería que desembocaba en la avenida Campos Elíseos, se abría ante mi con todo el esplendor imaginable la gran avenida y sus cafés, hacia mi derecha el majestuoso a Arco de Triunfo y a la izquierda caminaba hasta llegar a la estación metro Franklin Roosevelt, siempre había sol, siempre era primavera en Paris, todo era hermoso, me sentía tan a mis anchas en Paris que de alguna forma me sentía libre y dueño de la llamada ciudad luz

Era Febrero del año 1975, pasé allí esa vez, la primavera y el verano, como parte de una transnacional francesa con filial en mi país, todo era recorrer las hermosas calles de Paris, contemplar su arquitectura, embriagándome de sus explanadas, sentarme en sus cafés con mesitas en la vereda y contemplar solo contemplar el devenir de turistas y franceses, los unos caminando contemplativos llenándose los ojos de Paris para después contar y contar y nunca olvidar,  los otros estresados, visitando los sitios turísticos y los menos turísticos, sumergiéndome en esa inmensa muchedumbre de variadas nacionalidades, razas y religiones

Fueron tal vez los más hermosos años de mi vida, pero entonces no lo sabía, no era consciente de lo que me pasaba.

Nunca olvidé Paris, cientos de veces he contado Paris, yo no sé si es posible enamorarse de una ciudad, si lo es entonces puedo decir que yo me enamoré de Paris.

 

CUANDO LLEGABAN LOS FRIOS

 

brasero

Cuando llegaban los fríos por allá por Cisterna, paradero 25 de la Gran Avenida José Miguel Carrera, nos apilábamos todos, mi tía, mi hermano, mi madre y yo mismo en torno de un pequeño brasero circular de tres o cuatro patas con carbón, allí conversábamos entibiados por el carbón ardiente. El tío Marcial andaba por allí en eso de los pianos, las afinaciones, las compraventas de pianos, etc todo aquello que nos permitía comer, sobrevivir, ir a la escuela primaria a mí y a mi hermano, pasar buenas fiestas de fin de año, con regalos del viejito pesquero pascua, cenas fastuosas con Martini vermut o Cinzano, pan de pascua, ensaladas de papas con mayonesa, árbol de pascua adornado como corresponde con unas pocas bolitas de vidrio de colores, guirnaldas simples, motas de algodón y la correspondiente estrella plateada instalada en la cima del pino, alguna ropita nueva, carnes varias, en fin y los infaltables juegos artificiales: petardos, viejas, bombas y dos o tres voladores que introducíamos en una botella vacía a modo de plataforma de lanzamiento, lanzados se alejaban al cielo estallando en medio de luces o a veces solo sonido, una maravilla. También hay que mencionar que una vez al año, dos como máximo, era el viaje anual de vacaciones, este consistía en general un día en Cartagena, con viaje en tren con locomotora a vapor, provistos de cocaví hecho previamente por mi madre y mi tía, partíamos muy temprano el día señalado a la Estación Central de Santiago volvíamos llenos de aventuras y sensaciones, olas de mar y humos de locomotora. Era una linda vida, claro no teníamos refrigerador, no teníamos lavadora, sí había una artesa, nuestra cocina era de aquellas de parafina, de dos platos. Nosotros los niños no éramos conscientes de nuestras carencias materiales tal vez porque las del alma estaban bien.

Éramos una familia arrojada por la complejidad a una clase media que emergía, como entre muchas luchaba sin otro norte que progresar, llevar adelante tareas que no sabía exactamente quien las había impuesto, había unos mandamientos de la “ley de Dios” que eran en efecto una revelación, pero había más, había que cumplir en la escuela, lavarse, estudiar, hacer, lavarse las orejas, cortarse las uñas… Hayek diría que eran reglas instaladas inconscientemente en nosotros por la selección, por imitación.

No lo sé, pero pienso que esas conversaciones en torno del brasero de invierno fueron una sopa primigenia de lo que después fuimos, nos prepararon para el camino que íbamos a seguir.

GRAZNIDO

AXEL KAYSER / A 10 AÑOS DE LA CRISIS SUBPRIME

Niall Ferguson | Corrección política y libertad de expresión – UAI 2017 / fpp

Créditos: Fundación para el progreso fpp

 

RECUERDOS DE VIÑA DEL MAR

 

Érase una vez una tarde en Viña del Mar, era una caminata por algún norte o un poniente ya no estoy seguro, caminabas junto a mí y yo junto a ti, de pronto escuché por azar este tema en mi celular y a todo volumen te lo hice escuchar mientras caminábamos en la tarde de gaviotas bajo el cielo viñamarino, yo no sé si lo recordarás ahora que ya no estás para mí, yo sí lo acabo de recordar, yo sí estoy para ti, quiéralo no esa es la situación, te recuerdo muy a menudo varias veces al día cada día, a veces creo verte, divisarte en algún lugar que solíamos recorrer, a veces se me humedecen los ojos cuando la soledad se ampara de mi alma, entonces me prometo que iré un día  al autoservicio preferido, haré la fila y escogeré sencillamente, me sentaré contigo en algún lugar disponible te contaré de mis anécdotas, mis teorías sobre esto o aquello, sobre alguna nueva teoría de física de partículas o alguna parte de un libro que leo a saltos y bajos, la gente dirá que es lo que hace ese viejo hablando solo riendo o muy serio como si hablara con alguien, unos pensaran que estoy loco, que es el post modernismo o pura y simple soledad, luego pasearemos por la tiendas de ti preferidas, las botas las carteras, los zapatos, los vestidos, tú siempre atenta a mis deseos, presta a ser gentil recorreremos ventanales y pasillos, pasaré a ojear libros, veré la interminable e increíble oferta de comidas en el supermercado, iré a la terraza donde me gustaba pasear, un poco cansados ya volveremos, tal vez una lágrima asomará en mis cansados ojos y nudo presionará mi silente garganta, algún escalofrío recorrerá mi cuerpo, veré alguna película Netflix, atacaré  duramente por tuitter a la izquierda, a los chavistas y al gobierno de Bachelet, exploraré Facebook esperando que una vieja amistad emerja del pasado, veré si me has mandado un improbable mensaje whatsapp y entonces me dormiré, me dormiré.

Entropia y universo / SEAN CARROLL

 

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